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Los 100 kms. del emprendedor – Cap. II

Miércoles, Agosto 25, 2010

la misionEl emprendedor, se evidencia desde chico. Yo siempre estuve interesado por los negocios. Mis padres tuvieron un Supermercado y me ocupe desde los 6 años en atender la verdulería. Para mi tener los canastos llenos de verduras, arreglarlos, esperar a los clientes, atenderlos, cobrarles y al final del día que no quede nada de mercadería implicaba un desafío. Era mi juego hacerlo, pelear con las clientas para que no tocaran la verdura, decirles “Sra.  No se pueden apretar los tomates”, significaban mucho para un nene que no llegaba a verse detrás del mostrador.

De ahí pase a la carnicería, a los 10 años, aprendí a desarmar y cortar una res. A atender a los clientes y darles los diferentes cortes que ellos solicitaban. Me tenían que echar detrás del mostrador. Mi papa, muchas veces me expulsaba, pero cuando se trataba de pelar huesos y sacarles la carne para hacer “picada” me daba el visto bueno. Mi padre ejercía esa fascinación que seguro sentirán todos los hijos por sus padres. El mío, era un buen tipo, no apto para emprender, pero con la vocación de hacerlo. En contrapartida, sus carencias de niño, ya que fue abandonado a los 7 años por sus padres y sobrevivió en la calle, le hacían tener un carácter muy violento. Sus palizas dejaron marcas en mi psiquis con las que aun sigo luchando.

Cuando tenía  13 años ese negocio de mi padre quebró. El sufrió una depresión de la cual nunca pudo recuperarse. Pasó de tener su negocio a ser un buscavida. Eso fue fatal para él. Mi madre si bien jugo un papel importante como sostén economico del hogar, pues era maestra y su sueldo algunas veces fue el único ingreso, su personalidad manipuladora y agresiva hizo que la autoestima de mi padre decayera tanto, que ya no pudiera recuperarse empresarialmente. Nunca más volvió a intentarlo formalmente.

Ahí conseguí mi primer trabajo en “relación de dependencia” como empleado de un frigorífico, el cual me daba para aportar algo de dinero más en mi casa. Iba a la mañana a trabajar y a la tarde hacia el colegio secundario. El Polivalente de la ciudad de Necochea fue el espacio de contención que necesitaba para soportar la fuerte carga emocional que había en mi casa.

Luego para ayudar a un mas me conseguí un trabajo de peón de albañil, para el horario después del colegio. No era mucho, pero todo sumaba, cuando uno buscaba ingresos y libertad económica. Un tiempo después cambie el trabajo del frigorífico por ser peón de albañil mañana y tarde, mientras iba al colegio. Era más duro físicamente, pero me pagan más. En los veranos, dejaba ese empleo y trabajaba de ayudante de cocina en diferentes escuelas de verano y carpero en los balnearios que estaban en Necochea, mi segundo hogar.

Les hago este breve recuento de mi niñez por que en esos años mis males mas agobiantes eran: orinarme en la cama, (hasta los 14 años), la violencia en mi casa, (física y verbal) y el asma. Para curarme del asma empecé a correr. Primero trate de completar un kilometro, luego intenté hacer 5 kms. y mas tarde descubrí el duatlón y al tiempo nació el triatlón en la argentina. Lo cual me llevo a aprender a nadar.

La natación, el ciclismo y correr han perdurado en mi vida como remedio para cualquier mal hasta estos días. Para mi el deporte es sanador. Son las caricias de madre (que no hizo mi madre) en mi rostro. Son la posibilidad de demostrarme que lo mejor, la gloria, el triunfo esta adelante y por eso hay que continuar. Esas pruebas hicieron que de alguna manera, levantándome a la madruga o a última hora de la noche, siempre, cada día de mi vida, hubiera al menos, una hora para el deporte.

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No pienses mal del otro.

Miércoles, Septiembre 10, 2008

Cuando uno comienza a dar  el paso cambiar el emprendimiento, en estado de supervivencia, a una situación de mayor previsibilidad, empiezan a aparecer nuevos desafíos.

Lo más difícil no es conseguir el dinero, sino formar el equipo.

Las personas están llenas de temores, desconfianzas, envidias, recelos y defienden sus territorios de una manera tan primitiva que a veces es casi imposible llegar a un acuerdo.

Esos territorios casi siempre tienen mas que ver con los egos que con los dineros. Es difícil convencer a las personas que uno actúa basándose en la ética. Que puede equivocarse o tomar decisiones no acertadas, pero que su accionar no tiene nada que ver con la mala intención.

Siento que lograr trabajar en equipo y luego con socios es un aprendizaje muy grande.

Uno debe empezar a confiar en el otro. Partiendo de la base que nadie debe demostrarle a nadie que es una buena persona. Muchas personas se paran en el pedestal de examinadores o jueces de la moral. Generalmente esas son las personas que no pueden comandar una empresa. Siempre digo que quien no es buen seguidor, no podrá ser buen líder.

En esta semana negocie en varios frentes situaciones de crecimiento. En una de ellas, las personas con las cuales me reuní tenían un montón de preconceptos. Mi estrategia fue simple ante un conflicto que se había presentado: plantee el tema sin anestesia. El problema era que una de esas personas se sentía desplazada y en sus celos había generado un montón de murmullos que atacaban mi accionar.

Luego de la charla inicial de rigor, con esfuerzo de ambas partes de aparentar “acá no pasa nada”, comenzamos la  reunión. Esta persona, eran 3 y yo, objeto varias situaciones en mi sector de decisión. Los argumentos eran insostenibles, a lo cual con mucha suavidad le pregunte: “¿tu objetas mi decisión, mi estrategia o te sientes mal por que yo encare este asunto sin consultarte?”

Fue un largo silencio de su parte. Era necesario que le hiciera esa pregunta y lo expusiera delante de los demás, para que se revelara cual era el verdadero problema.

La reunión termino en un ambiente de risas y distención, muy diferente a como había comenzado.

Luego me reuní con él a solas. Obviamente no reconoció nada y tampoco yo saque el tema. No era necesario. Pero me sirvió para darme cuenta que el ego de una persona puede tirar abajo una empresa.

Intentemos pensar bien de las intenciones de los demás. Pensemos que podemos aportar, no nos encerremos en nuestro egoísmo. Dar, ser frontal, no tener dos discursos  y volver a  dar, son a mi humilde opinión la mejor estrategia para armar un equipo de trabajo.