Luego de varios meses terribles, donde cada noche me acostaba con los síntomas de un infarto, hoy por la tarde, me anime y participé del primer desafío del año que fue una carrera de natación.
Meterme en el agua, solo, me tenia muy aterrado, pero junte valor y corrí los 1500 mts. Denominados “el reencuentro de los delfines” carrera que se corre en la laguna de San Miguel del Monte, Provincia de Buenos Aires – Argentina.
Como si el subconsciente me pusiera trampas, llegue sobre la hora. Tuve que rogar que me inscriban. Cuando abrí mi bolso no tenía antiparras, así que tuve que salir a pedirla. Un chico conocido de la Escuela de Triatlón (donde he vuelto a entrenar) me las presto. Inmediatamente que las conseguí, comenzaron unos malestares estomacales que me obligaron ir al baño. Cuando Salí del baño, todas las puntadas en el pecho me llegaron juntas y empecé a dudar si era una buena idea participar.
Para colmo de males mi familia se fue a comer un asado y me quede solo con mi alma. Ellos en esta etapa me dan mucha seguridad. Me avergüenza decir que sin ellos soy como un niño temeroso. Pero no quise ser egoísta, así que corrí mi mirada de susto cuando me dijeron que se iban a comer. Tenía miedo que me pasara algo dentro del agua y que no hubiera alguien que pudiera socorrerme.
En eso vino un chico que conozco de vista, no se su nombre y apellido, y me empezó a contar sobre la carrera. Así entre risas y chistes, largamos. El conoce mi problema así que trato de que me sintiera bien y me alentó mucho.
Salí fuerte, como si fuera a batir un record, al rato me empezó a subir el pulso. Crisis, crisis (el pulso alto es un gatillador de los ataques de pánico). Para distraerme empecé a pensar en la técnica y como estaba concentrado en orientarme hacia las bollas que marcaban el recorrido, no tuve tiempo de escuchar mi cabeza.
Llegando a la anteúltima boya y promediando tres cuarta partes de la carrera, trague un poco de agua por una ola y me agarre un susto de primera. Pero me acorde de Susana (mi psicóloga) que me dice siempre que cuando me sienta así, lo único es lo que tengo que pensar es en mi respiración, así que empecé a nadar estilo pecho y a ordenar la inhalación y la exhalación.
En 5 minutos estaba de nuevo en carrera y pensando en alcanzar a un muchacho con gorro de natación con los colores de la bandera argentina. Brazada, respiración cada tres brazadas, ritmo, estirarme bien en cada brazada y no ponerme ansioso fueron mis pensamientos hasta el final.
Cuando cruce la línea de llegada, estaba recontra contento y le decía a mi hermano que había llegado para verme arribar: “pensar que hace tres meses estaba internado en un hospital de Montevideo y los médicos creían que tenia un infarto y yo lo pedía a Dios que no me vaya a morir sin volver a ver a mis hijos”.
Que terrible son los ataques de pánico. Lo que antes para era LA MITAD de un entrenamiento diario, hoy para MI son un gran logro: pero como siempre le digo a mis colegas emprendedores ”No se rindan, no se cansen, no se den por vencido”.
Por mi parte seguiré luchando para volver a ser lo que fui física y psicológicamente. Sueño con lograrlo. Hoy me traje una medalla. Estoy emocionado y feliz.