100 km. ultramarathon de la Republica Argentina

Es difícil contarles como fue la carrera sin hacerles saber un poco de mi historia. Desde chico fui el clásico chico gordo y enfermo. Tuve asma hasta los 13 años y a los 11 años contraje una enfermedad que me afecto la medula ósea de las piernas. Comenzó con una hinchazón en la tibia de ambas piernas, como si fuesen contusiones de una patada y termino generando una inflamación en mis rodillas del tamaño de una cabeza.

Los médicos recomendaron amputar para que la infección no siguiera subiendo e hiciera peligrar mi vida. Mis padres se opusieron y buscaron en otros médicos la solución. Estos cambios de médicos y tratamientos significaron que tuviera que estar un año en cama, usando el clásico “papagayo” ya que me resultaba imposible caminar los 4 metros de distancia que me separan del baño de casa.

Un dia, tanto medicamento empezó a dar resultados y la infección cedió y el riesgo de perder las piernas desapareció.

Quedo como secuela pesar casi 80 kilos (imaginese lo que era a los 11 años) y una atrofia muscular que me impedía ponerme en posición vertical.

Amaba el fútbol, así que si quería volver a jugar a la pelota debía poder al menos caminar. Los puedo asegurar que fue una etapa terrible en mi vida. Pero fue la etapa que sentó los cimientos del hombre que hoy soy.

Primero arrastrándome en 4 patas pude ir al terreno que estaba al lado de mi casa donde se hacían los clásicos picados. Como espectador al principio, luego como arquero sentado y con mucho tesón en un par de meses recupere la posibilidad de estar parado. Ahora, correr era otra cosa, corría con mucho dolor y casi arrastrando las piernas. Pero ya estaba en camino.

Dos años después rendí un examen de aptitud física para entrar a aun colegio y empezó mi primer contacto con el atletismo ya que gane mi primera medalla en un torneo inter-escolar lanzando la bala. Gane ese campeonato, pero todavía estaba gordo y yo quería correr.

A los 15 empecé a correr y desde entonces, en diferentes estados de entrenamiento, el atletismo y yo nunca volvimos a separarnos.

Con éste breve racconto de mi vida antes de ser deportista, les cuento que para mi haber corrido 2 IRONMAN, 13 maratones de 42 Km., mas de 30 de 21 km. y no se cuantas de 10 y de 5, significaron un gran logro en mi vida personal, no deportiva.

Llegue este sábado a correr con dos lesiones: una distensión de gemelo y stress en el soleo + 2 ampollas (una en cada pie). También fue una semana terrible en el trabajo.

No pude dormir mas de 6 horas por dia y como si faltara stress, el viernes anterior choque con el auto. En peores condiciones no podría haber estado para hacerle frente a un desafió de estas características.

La largada fue de noche, al borde de la laguna de Monte, hacia frío y una niebla que empapaba. Cuando largamos, salí a ver como me sentía. Siempre al principio de las carreras me siento mal, necesito unos 12 Km. para soltarme y a partir de ahí, hasta el Km. 28 corrí en una plenitud absoluta.

En el 28, me agarro mi descompostura habitual y una necesidad terrible de ir al baño. Sufrí hasta que llegue a uno, pero después, sin ningún otro dolor que los de mis lesiones, corrí hasta el Km. 42.

Para mi llegar al Km. 50 seria algo mítico, nunca había hecho esa distancia. Así que cuando cruce esa línea, me sentí eufórico y emocionado. Sintiendo que había hecho algo que deseaba hace mucho tiempo.

Acá me voy a ir un poco de la carrera y les voy a contar sobre la persona que me estaba esperando en el Km. 54.

Mi hermano menor, Fernando, es un fanático de las carreras. Me acompaña y apoya como nadie lo hace. No solo en el atletismo sino en la vida.

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